jueves, 17 de mayo de 2018

Enamorarse es hablar corto y enredado


Fecha en que fue vista: 22/04/2018


Ficha técnico artística
Dramaturgia: Leandro Airaldo
Actúan: Emiliano Díaz, Soledad Piacenza
Vestuario: Alicia Macchi
Escenografía: Miguel Nigro
Iluminación: Luciana Giacobbe
Realización de escenografia: Manuel Escudero
Música: Silvia Vives
Sonido: Silvia Vives
Diseño: Nadia Estebanez, Veronica López
Asistencia de dirección: Nadia Estebanez
Producción: Nadia Estebanez
Dirección: Leandro Airaldo

Un amigo me dijo de ir a ver “Enamorarse es hablar corto y enredado”, me quede pensando en el nombre de esta obra y la verdad me convocó, me genero intriga. Una vez más me encontraba yendo al Camarín de las Musas para dejarme sorprender.
Es una historia de amor, sencilla, de esas que te hacen pensar en las mil maneras que tiene el amor. Las actuaciones de Soledad Piacenzo y Emiliano Díaz son excelentes, realizan una composición sensible. Realmente te hacen viajar y ser parte de ese descubrirse de dos personas tan distintas pero que supieron encontrarse.
 Un texto bello, poético, profundo y gracioso es parte de lo que me llevó a pensar en que lo cotidiano, lo simple, lo que va sucediendo si nos quedamos en ese compartir con el otro, puede ser un espacio de mucha ternura y de encuentro.
Una escenografía sencilla pero que representa a la perfección una plaza de pueblo donde el mate y un banco son tan protagonistas como los dos personas de esta pieza teatral.
“Enamorarse es hablar corto y enredado” convoca a pensar el amor desde lo simple, en que a pesar de las diferencias, de los distintos estilo de vida, dos personas pueden ir más allá y compartir, mirarse, no entenderse, entenderse, descubrirse, deslumbrarse y enamorarse.
Una obra realmente bella que hace que el/la espectador/a salga con una hermosa sensación por a ver visto esta historia de amor.

jueves, 26 de abril de 2018

De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos

Fecha en que fue vista: 5/4/2018

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Pilar Ruiz
Actúan: Verónica Cognioul Hanicq, Juan Tupac Soler
Diseño de vestuario: Eliana Itovich
Diseño de escenografía: Eliana Itovich
Diseño de luces: Lucia Feijoó
Realización de escenografia: Santiago rey
Video: Francisco Castro Pizzo, Ignacio Codino
Fotografía: Francisco Castro Pizzo, Ignacio Codino
Diseño gráfico: Juan Pablo Rodirguez
Asistencia técnica: Bruno Quiroz
Asistencia de dirección: Camila Comas
Prensa: Marisol Cambre
Producción: LugarOtro Estudio Teatral, Poética Resiliencia
Dirección: Pilar Ruiz


    Desde que leí  el nombre de esta obra, no puedo recordar donde,  me quedo grabado y fue el motivo por el cual decidí concurrir una vez más al Beckett a ver de qué se trataba.
    Una habitación blanca, toda blanca. Llena de objetos blancos colgados, todos blancos. Sin los personajes en escena me trasmitió hermosura pura, admiración por esa escenografía.
    Comienza la función, un actor, una actriz y la guerra de Malvinas se hace presente en la sala. La habitación comienza a ser transitada por estos dos personajes y me invadió la sensación de frialdad, de distancia, de un cierto vacío. De esos vacios que dejan marca y sabemos que nunca se irán.
    La vuelta de un ex combatiente que expresa nunca haber deseado ir a la guerra y en donde el significante héroe le es totalmente ajeno. Vuelve a su casa, vuelve a Buenos Aires pero él ya no puede volver a ser el que era antes de irse. El reencuentro con su novia (quien lo creía muerto) tiene diferentes matices de cercanía y lejanía pero por sobre todo me transmitió desencuentro.  Los personajes a lo largo de la obra interactúan con varios de los objetos de esa habitación donde parecerían darle vida y a su vez esos objetos hablar de sus vidas.
    Tanto la iluminación, la musicalización como la escenografía componen una bella armonía y  tienen un lugar tan protagónico como Julio y Cecilia (personajes de esta obra).
    Una obra que me conmovió, que me  transmitió como el pasado, puntualmente ir a una guerra,  y lo vivido en él puede llegar atravesar tanto a alguien que el presente se diluye.
    Pienso que la dramaturga Pilar Ruiz construye memoria e invita a quienes  se acerquen y se dejen conmover por esta pieza teatral a ser parte de esta construcción, construir memoria colectiva.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Todo tendría sentido si no existiera la muerte

Fecha en que fue vista: 1/03/2018

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Mariano Tenconi Blanco
Actúan: Maruja Bustamante, Bruno Giganti, Andrea Nussembaum, Agustín Rittano, Juana Rozas, Lorena Vega
Vestuario: Cecilia Bello Godoy, Johanna Bresque
Escenografía: Oria Puppo
Iluminación: Matías Sendón
Musicalización: Mariano Tenconi Blanco
Música original: Ian Shifres
Fotografía: Sebastián Freire
Diseño gráfico: Gabriel Jofré
Meritorio de dirección: Ana Schimelman
Asesoramiento De Arte En Fotografía: Mume Boskovich
Asistencia de escenografía: Florencia M. Tutusaus
Asistencia de iluminación: Sebastián Francia
Asistencia de vestuario: Elisa D´agustini
Asistencia De Producción Ejecutiva: Eugenia Tobal
Asistencia de dirección: Maxi Muti
Prensa: Luciana Zylberberg
Producción general: Carolina Castro
Coordinación De Montaje: Mariana Mitre
Coreografía: Jazmin Titunik
Dirección: Mariano Tenconi Blanco



    Volví a la sala del centro cultural rojas donde se estaba realizando una obra que lo único que sabía de ella era que duraba tres horas.
    La escenografía, iluminación, música y vestuario me hicieron viajar a varios años atrás, hasta el vocabulario de los personajes me hizo sentir en otra época.
    “Todo tendría sentido si no existiera la muerte” es una obra que todo el tiempo está en tensión y juega con dos grandes tabúes, el sexo y la muerte. Ambos cobran un lugar de naturalidad en donde parecería que el autor Mariano Tenconi Blanco juega con la dialéctica vida – muerte.
    El anuncio de una enfermedad terminal hace a la conexión concreta con la idea de la muerta, la que genera un deseo como última voluntad, deseo que motoriza y que hace que esta conexión con la muerte se vuelva vida.
    Las tres horas de duración son dinámicas, principalmente por la gran dirección y la elección de que sean escenas que empiezan y terminan con un parpadeo de luces, y musicalización acorde, que hace que el tiempo se fragmente. Por otro lado las excelentes actuaciones hacen que la historia te atrape, te divierta, te angustie, te emocione y sientas que el tiempo que estás ahí como expectador/a vale la pena.     Una obra que como eje principal transmite con naturalidad el acontecer del sexo y de la muerte pero que también despliega otras temáticas como el amor, el desamor, el aborto, la homosexualidad, el lugar del cuerpo de la mujer. El tono cómico, retro, pornográfico es un combo exquisito. 

Ateneo para una familia

  Ateneo para una familia es una obra que tenía pendiente desde el año pasado. Continúa  presentándose en el bello Teatro de la Ribera los v...